viernes, 30 de abril de 2010

El día que mataron a Juan Moreira

...Y atiendan la relación
Que hace un gaucho perseguido,
Que padre y marido ha sido
Empeñoso y diligente,
Y sin embargo la gente
Lo tiene por un bandido.

Martín Fierro

30 de abril de 1874. Una y media de la tarde. Atravesado por la bayoneta traidora de Chirino y las que vinieron después, desgarrado por espadas y balazos, cae Juan Moreira junto a una tapia que pudo salvarlo y lo perdió. El sol raja la tierra.

 Foto supuestamente de Moreira, pero que podría ser más bien la de algún actor que lo interpretó en el circo, ya que no se parece a las descripciones del gaucho que han quedado.

Allí murió el verdadero Moreira. El de carne y hueso. El que fuera "vago y mal entretenido" para las autoridades pero matón de confianza cuando se trataba de ganar elecciones daga en mano en algún atrio de la provincia de Buenos Aires. El que sólo dejó dolor y llanto detrás suyo mientras vivía y una leyenda después de muerto.
La auténtica daga de Juan Moreira, regalo de Adolfo Alsina. 

La leyenda ya existía en vida del gaucho, pero aquella tarde se agigantó al nacer otro Moreira; el de los fogones, cuando los que lo habían conocido contaban sus mentas, sus hazañas, que iban multiplicándose con los tragos de ginebra en las largas noches pampeanas. Luego vino Eduardo Gutiérrez.



El escritor llevó el mito al papel. Su novela, publicada en folletín primero,  entre noviembre de 1879 y enero de 1880 en el diario La Patria Argentina y en libro después, difundió a los cuatro vientos la imagen idealizada del matrero con un éxito formidable. Fue la primera vuelta de Moreira.


 Después vendría el circo de los hermanos Podestá, que inventaron el Circo Criollo al agregarle al tradicional una representación teatral con las vicisitudes del gaucho perseguido. Cada pueblito del interior tuvo la ocasión de ver "en vivo" al terrible Moreira corriendo con el poncho a la milicada, vengándose del pulpero Sardetti, padeciendo las injusticias de los poderosos, batiéndose con el guapo Leguizamón, muriendo cada noche bajo la carpa del circo. Dicen que a veces algún gaucho, desenvainando el facón, quería ayudar a Moreira en ese último y fatal entrevero y había que agarrarlo para que no despanzurrara a  los actores caracterizados de "melicos".





 Ya en el siglo XX, vuelve Juan Moreira, traído esta vez por el cine. Tras una primera película en cine mudo,  "El Último Centauro", de 1923, lo muestra como un héroe absoluto. Luego vendrían losl Juan Moreira de Nelo Cosimi en 1936 y el de Luis Moglia Barth en 1948 y al fin la inolvidable creación del genial Leonardo Favio, que marcó toda esa época febril y apasionada de comienzos de los '70s.



Moreira regresaba cada vez más. En un cuento de Borges: La Noche de los Dones, donde a pesar del gusto del escritor por la novela de Gutiérrez, lo dejaba morir al gaucho sin pena ni gloria, demostrando un feroz desapego por su figura; en Café de Camareras de Enrique Cadícamo, en La Tarde que Mataron a Moreira de Raúl Ortelli... en incontables radioteatros, en una excelente nota de Guillermo Mc Loughlin: Juan Moreira, de la Arena a la Gloria, publicada en el número 15 de la revista Todo es Historia, en 1969... Volvieron las representaciones teatrales, como la ópera-rock Juan Moreira Superstar, ya en los '70s...

Y hubo algunas historietas, claro. La más destacada, sin duda, la del gran Carlos Casalla, cuando en un episodio de su personaje El Cabo Savino, escrito por Julio Álvarez Cao: Abran Cancha a Moreira, une el fin de uno con el comienzo del otro en aquella siesta fatal de manera insuperable.




 

Y hablando de historietas... uno de los últimos regresos de Moreira fue en el diario La Voz, en octubre de 1983, cuando se empezó a publicar mi adaptación libre de la novela de Gutiérrez. la había leído de chico y me habia impactado profundamente.Tanto como la película de Favio. A partir del momento mágico en que la vi, diez años antes, supe que algún día dibujaría la historieta. Pasaron años...


 Y en 1983, con poco trabajo y mucho tiempo libre, allá en el entrañable Estudio Géminis, decidí que había llegado el momento. Unas cuantas tiras fueron el fruto de ese entusiasmo y las presenté en un diario cuyo nombre ni recuerdo, que estaba por aparecer en esos tiempos de regreso a la democracia en que todo parecía empezar de nuevo.


El diario finalmente no la aceptó, a pesar de haberla incluído en su número 0, y en el momento en que voy a retirar las tiras se me ocurre pasar por otro diario cercano, La Voz, que estaba en el barrio de Pompeya, cerca de la famosa esquina que cantó Homero Manzi: Centenera y Tabaré.  ¡A la semana siguiente salía publicado Juan Moreira en La Voz! Pero no en tiras, ¡sino en páginas! Durante casi cuatro meses, estuve dibujando una página por día, en un esfuerzo que sólo el entusiasmo y la alegría de poder dar forma al fin a mi sueño hacían posible.


 Pasaron muchos años más. ¡Pero Moreira siempre vuelve! A raíz de una nota que me hace Alejandro Aguado el año pasado para el popular sitio de internet La Duendes, se entera de la existencia de mi historieta, y, amante de todo lo nacional, hombre de la Patagonia al fin, me ofrece la posibilidad de publicarla en el blog Historieta Patagónica, derivado de La Duendes, a manera de folletín, como en los viejos tiempos de Eduardo Gutiérrez. Acepté con mucha alegría y así se hizo. Pronto los comentarios favorables se sucedieron y comprendí que mi trabajo estaba vivo. Como la leyenda de Moreira.



El próximo paso, el penúltimo regreso del héroe, es el que tengo el orgullo de anunciar ahora: el libro. ¡Está en marcha, gracias al esfuerzo y la generosidad de La Duendes, la publicación de la historieta completa de Juan Moreira en forma de libro!. El sueño termina de hacerse realidad.

Como dije antes: Juan Moreira siempre vuelve...

viernes, 23 de abril de 2010

Así fue la Expo-Comic 09 y Multimedia de Santiago de Chile

Entre el 27 y el 29 de noviembre de 2009 se desarrolló en la Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile,  la Primera Expo-Comic '09 y Multimedia, un evento de carácter internacional, que convocó a dibujantes de varios países. La idea era que el público chileno tomara contacto con los profesionales del Noveno Arte que publican en Europa y Estados Unidos y los numerosos artistas locales, además de otras manifestaciones afines, como la creciente pasión por el cosplay, que no reconoce fronteras.
Allí estuve, tras atravesar la imponente Cordillera de los Andes por primera vez, a bordo de un avión junto con un viejo compañero del estudio Jaime Díaz, Khato, y el joven platense Wally Gómez, a quien conocí personalmente ahí mismo en el aeropuerto de Ezeiza.
 
Al llegar, con una gentileza que no lo abandonó nunca, nos esperaba don Miguel Ortiz, el organizador de la ambiciosa muestra. Tras almorzar en el elegante hotel Foresta (casualmente, propiedad de un dibujante chileno), fuimos llevados a recorrer los lugares más interesantes de Santiago. Se sumó al grupo Miguel Alva Marquina, el carismático periodista mejicano responsable del importante sitio web: Cultura Comic.   A partir de ahí fuimos un cuarteto inseparable.

 Una sorpresa en el hotel Foresta: un cuadro de Raúl Manteola, el célebre dibujante chileno que desarrollara una amplia carrera artística en nuestro país.
El Majestuoso edificio de la Universidad Católica


Al día siguiente, empezamos a "trabajar". Cada dibujante disponía de un prolijo y espacioso stand en donde exponer sus obras. Debo agradecer la ayuda de Wally, quien, poniendo a mi disposición su pendrive y su notebook,  me permitió bajar de internet algunos de mis trabajos para exhibir.



Luego de la inauguración, poco a poco fue llegando el público y todo se hizo vertiginoso: charlar con la gente, dibujar patos y más patos, conocer a los colegas chilenos y la calidad de sus trabajos.  Por la tarde llegó un viejo amigo desde que empezamos casi juntos en Columba, Rubén Meriggi, quien prefirió cruzar la cordillera en ómnibus.

 Meriggi, Wally, Ortiz, Alva Marquina, Massaroli y Montané
Los dos días siguientes fueron parecidos: llegar temprano a la mañana, alternar los dibujos para el público con las conversaciones entre dibujantes, tomando conocimiento de lo mucho y bueno que se hace de aquel lado de la cordillera.
 Foto cortesía de CulturaComic
Con el historietista chileno Juan Vásquez

 Un dúo dinámico y latinoamericano: el Capitán Chile y Rubén Meriggi. 
Con Fyto Manga, cuyo apellido nos da la idea de cuál es su especialidad.
Méjico y Argentina con las dos Danielas: Montané y Gallardo, bellas representantes de la ilustración chilena.

Con el dibujante uruguayo Diego Jourdan.
Se sucedían las charlas públicas, entre ellas, la que me tocó desarrollar junto a Rubén, ante el vivo interés de la gente, que demostraba conocer ampliamente el mundo del comic y la historieta latinoamericana.




Mi vecino de stand resultó ser nada menos que Raúl Bratesco, un experimentado profesional que colaboró con el célebre dibujante chileno Vicar  ilustrando miles de páginas de historietas de patos para la misma editorial que yo, Egmont,  durante más de 30 años.

Arriba: Bratesco en primer plano, con otros dibujantes chilenos y argentinos, saliendo de la muestra.
Hubo también otras actividades, como un concurso de cosplay que mereció las alabanzas del conocedor Rubén (es uno de los organizadores de Animate en Buenos Aires), y una muestra especial de la obra de Etienne Schredder, auspiciada por la embajada de Bélgica. Resultó interesante comprobar la permanente influencia de Alberto Breccia en los dibujantes europeos: Schredder reconoció sin ambages haber estudiado profundamente la obra del genial rioplatense.
Con el historietista belga Etienne Schredder
El saldo del evento fue muy favorable. Tal vez faltó un poco de difusión, pero quedó una experiencia muy positiva que, seguramente, redundará en una segunda Expo Comic en 2010 corregida y aumentada, con todo el brillo  y el éxito que sus esforzados organizadores y el público chileno se merecen.
Tres argentinos sobre el cerro Santa Lucia. Abajo, la sede de la Expo-Comic
 Con los amigos chilenos que nos guiaron amablemente a través de Santiago, en el cerro San Cristóbal.

Aún dispusimos de un día más para subir a los cerros que ornamentan la bella ciudad de Santiago y el lunes a la noche regresamos en un vuelo que se nos hizo muy corto. Traía conmigo un par de botellas de buen vino chileno, cortesía final del incansable Miguel Ortiz (una era para entregarle a Rubén, que había regresado antes, por tierra),  un cuantioso botín de libros y revistas que me fueron generosamente obsequiados,entre ellos el del famoso Capitán Chile o el excelente 1986 de Juan Vásquez, un libro de Daniela Gallardo, un Digger de Diego Jourdan, un voluminoso catálogo-libro con más de 100 dibujantes chilenos, dibujos autografiados de Fyto Manga, Huemulín, una remera con un dragón (mi signo), pintado a mano por Daniela Montané...



...un cansancio de aquéllos, después de cinco días de febril actividad y el corazón lleno de gratitud  por tantos y tan emocionantes recuerdos que atesoraré toda la vida. ¡Gracias, don Miguel, gracias, amigos trasandinos, gracias, Chile!

martes, 13 de abril de 2010

La Historieta Gauchesca en Marcos Paz





El martes 8 de diciembre de 2009, en la Casa de la Cultura de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires, se realizó una charla sobre la Historieta Gauchesca, en la que tuve el honor de participar,  con la ilustre compañía de Jorge Claudio Morhain ("Cabo Savino", "Pehuén Curá",  "El Gaucho Alpargatas", "Manuscritos Apócrifos de la Conquista", "Samos" y un largo etc.) y Gustavo Schimpp (guionista de "Belzarek","Quien" y varias versiones de letras de tango en historieta).


Fue una oportunidad de abrazar a un viejo amigo: Morhain y a uno nuevo, Schimpp, quien tuvo la amabilidad de invitarme al evento. Así es como pude conocer un poco de Marcos Paz, esta tranquila localidad bonaerense a la que espero volver con más tiempo.

Historias de la Tierra Bárbara, de Merel
El Cabo Savino, de Casalla
 
 Uno de los insuperables caballos de Roume
Fue una velada muy agradable en la que nos explayamos sobre la rama más nuestra de la historieta: la gauchesca, que tuvo en su haber geniales dibujantes como Hernán Rapela, Raúl Roux, Carlos Roume, Juan Arancio, Walter Ciocca, Horacio Merel. Magallanes y el gran Carlos Casalla, siempre en la huella con su Cabo Savino que se publica día a día en el diario Río Negro, de la Patagonia; así como guionistas de la talla de Héctor Oesterheld, Eugenio Mandrini (Euman), Jorge Morhain, Julio Almada y Sergio Almendro

 El público local se mostró vivamente interesado en el tema, con preguntas precisas y una atención permanente a nuestras palabras. Se sentía un hálito de epopeya en el recinto, al evocar las proezas de tantos héroes de poncho, facón y tinta china como El Huinca, Fabián Leyes, Martín Toro, El Chumbiao, Pehuén Curá, el capitán Mariano Flores de Fuerte Argentino, Lindor Covas el Cimarrón, Lanza Seca, Santos Leiva, en fin...


Pude apreciar el interés que despertaba Juan Moreira, la adaptación que realicé para el diario La Voz entre 1983 y 1984, debido a que su reciente reaparición pública a través de internet, en el pujante blog Historieta Patagónica, la pone nuevamente en el candelero tras muchos años de permancer apenas en el recuerdo de los nostálgicos lectores de aquel diario.
 Juan Moreira, basado en el libro de Eduardo Gutiérrez



Se exploraron las causas de la falta de vigencia del género en la actualidad, llegándose a la conclusión de que el interés de la gente está; lo que falta son editores que apuesten a favor de lo nuestro, o que los dibujantes asumamos con mayor fervor la tarea de reivindicar nuestros temas, que pueden ser tan épicos y emocionantes como los de cowboys, mosqueteros o piratas.


El público se ajustaba con empeño al tema de la charla...
En definitiva: quedó claro que hay mucho por hacer; pero el gaucho, el indio, la pampa, merecen que dibujantes y guionistas los tengamos en cuenta... porque pertenecen a nuestra historia, la que nos hizo posibles... ¡porque son NUESTROS, qué canejo!