martes, 16 de agosto de 2016

Primer Pato Donald para Dinamarca


Se cumplen dos décadas en 2016 de aquella primera historieta que dibujamos con Raúl Barbero para la editorial Egmont, de Dinamarca: An Eye for an Eye (Ojo por ojo). Veinte años no serán nada, según Gardel, pero en ese lapso se pueden hacer muchos dibujos, muchas historietas, muchos patos. Veamos cómo empezó todo esto:

En el invierno del 95 suena el teléfono en mi casa. Raú Barbero, mi antiguo compañero de Garcia Ferré y Jaime Díaz, me avisa que hay un dibujante buscando colegas para trabajar para Europa. Poco después, Natalio Zirulnik me llama y me pasa más datos: se trata de Daniel Branca, el recordado dibujante del Sátiro Virgen en la revista Satiricón y El Mono Relojero en Billiken. No se había sabido más de él desde que se despidió una noche en IDA, en el año 1976. Yo estuve allí y pude conocerlo personalmente, cuando el doctor Bevilacqua, Heredia, el creador de Perro Mundo, mi maestro Pereyra y otros alumnos y dibujantes lo despedían junto con su pasador a tinta Oscar Fernández. Partían para España, porque aquí "la realidad te golpea", había dicho Fernández.
 
 En el estudio que tenía por esos tiempos en la terraza de mi casa, en Buenos Aires

 Branca estaba de vuelta en la Argentina y me enteré cuando lo fui a ver que una vez en España se había dedicado a dibujar el Pato Donald para Dinamarca, junto con mi viejo amigo Santiago Scalabroni, que partiera en 1974 para Barcelona. Allá se conocieron y, tras pasar por Bruguera, contactaron un estudio que producía cantidad de historietas estilo Disney para Dinamarca. Más adelante, se independizarían y trabajarían directamente.

Barbero mateando en el estudio de la terraza

 Esto no lo dijo Daniel, porque su modestia era proverbial, pero pronto trascendió entre nosotros que a poco de llegar a Egmont, él se transformó en un renovador absoluto de la forma de dibujar las historietas "de patos". El mismo Carl Barks, taumaturgo genial que creó todo el entorno y la personalidad del pato, consideró que Branca era el que más se le acercaba. Y no le erraba. La editorial danesa, lo tenía como su máximo artista en actividad, siendo admirado e imitado por muchos otros dibujantes, y cuando Daniel avisó que se volvía a Buenos Aires, le encargaron que contactara otros artistas que pudieran hacer más historietas de Donald y sus amigos. No era fácil.

 La historieta como se publicó en Rusia, en 1999

 Pero la larga experiencia que yo había ido adquiriendo con los dibujos animados primero, y las historietas para Disney Adventures, más la que había hecho el año anterior para Italia (Zío Paperone), me permitían confiar en que saldría adelante. Lo mismo pensó Daniel al ver las muestras que le acerqué y comenzamos a dibujar unas páginas de muestra. Llevó tiempo hasta "agarrar" el estilo, que venía  a ser el de Barks, por suerte, porque era un placer mirar y aprender del dibujante que tanto yo como Daniel habíamos leído de chicos.

 Tal como se publicó en Holanda, en 2001 y en 2013

Finalmente, pasadas a tinta por Barbero, partieron las páginas. Volvieron con algunas correcciones que nunca faltan, se hicieron y pronto llegó el primer guión de prueba. Una vez aprobado (pero nunca publicado) para comienzos de 1996, ya estábamos dibujando esta historieta a la que nos referimos hoy, la segunda que realicé para Egmont en esta etapa (ya había ilustrado Mickey Mistery cuando estaba en los estudios de Jaime Díaz), y la primera publicada, dando inicio a una colaboración de quince años, en la que junto con Barbero en la tinta (y Rubén Torreiro en unas cinco o seis historietas), ilustramos más de 1400 páginas.

 
 Tapa de la primera publicación en 1998 en Dinamarca, en la revista Anders And (Pato Andrés)

  Titulada en inglés An Eye for an Eye (Ojo por ojo), fue publicada  recién en el número del 29 de enero de 1998 de la revista Anders And and Co. (Pato Donald y Cía.). Los guionistas eran Pat y Shelly Block. Fue publicada hasta ahora en Alemania, Brasil, Dinamarca, Holanda, Noruega, Rusia y Suecia.

He aquí las seis páginas (en danés):

 
 
 


 No podía saber que éste  iba a ser el trabajo más largo de toda mi carrera. Las historietas se fueron sucediendo una tras otra, la relación con Daniel se fue conviertiendo en amistad. Los patos serían casi mi familia a partir de estas primeras páginas hechas con todo el entusiasmo de poder dibujar a un personaje con el que me había identificado desde antes de saber leer, cuando mi padre me leía las aventuras creadas por el gran Barks en la revista El Pato Donald, de la editorial Abril. Con el tiempo me enteraría que allí también trabajaba otro gigante: Héctor Oesterheld. Sin saberlo, en aquellas noches de Villa Ramallo, a fines de los '50, se estaba creando un destino.